lunes, junio 25, 2007

The one before the last

(para Guille)
Los buzones transmiten el mismo cariño que los vasos de plástico unidos por una cuerda. Se puede meter en ellos una carta de amor con beso de postdata, un pastel de invierno con las mangas de abrigo o un astronauta que diga feliz cumpleaños, que como no haya nadie al otro lado, que como el cable cuelgue y el vaso repose contra el suelo, que como a la vuelta se encuentre el silencio, será el silencio el que termine ocupando la habitación, la cuerda y el correo.
Yo escribo y envío una postal de cuatrocientas palabras, cada lunes, desde hace cuatro años. Antes no me fiaba de los buzones y las entregaba en persona, en abrazo y caña y finales en el 73, pero me he ido haciendo mayor y un poco más vago y un poco más viajero y ahora utilizo esto del mail y dos puntos, paréntesis de cierre, cierra tú que yo me voy antes (y lo siento). Antes no me fiaba de los buzones y perdíamos ligas y perdíamos copas pero daba igual, porque soñábamos en el Alto del Rollo, veraneábamos en las Conchas y llorábamos en el Clavel (justo antes de ser completamente felices).
Y antes incluso de las cartas fueron ocurriendo casi todos los porqués que me llevan a la segunda del singular. Porque han pasado por ti mis tres novias y mis tres ciudades; por ti y por todos tus compañeros, pero por todos primero. Porque aquella vez que mi padre llamó a deshoras estaba contigo, y no con una mujer de la vida, porque me enseñaste a jugar al conejito de la suerte y a perder adivinando canciones, por esa boca que sólo tú y yo sabemos, a pesar de las leyendas. Por el pelo corto, la lengua larga, la música alta, las fotografías y todo lo que termina en “que”. Como ya te dije, por abrirnos tu cabina de capitán sonoro, tu casa con gato, tu corazón solista y la caja de las cosas bonitas. Antes, y durante, fueron llegando todas las razones por las que tenía ganas de escribirte un náufrago, particular y en columna. Por todas aquellas, y más, por las que antes no me fiaba de los buzones, y ahora tú y nuestro ángel de la guarda particular habéis terminado por hacerme fan incondicional del correo que va y que viene (ok, gracias, mj).
Ahora además ganamos más ligas y escribimos nuestros nombres en ciudades ajenas y nos movemos en cuatro ruedas y la esperanza es lo último que se pierde.
Y mañana, y mañana es cuando quieras, volveremos a la ciudad amarilla como vuelven los niños a la caja donde guardan los juguetes. Pero eso será mañana, hoy nos queda esta columna de despedida, en la que quería hablar de ti y al final termino con nosotros. Será que no me duele tanto que termines y hagas la maleta, será que no me da ninguna pena que te acerques. Será que tienes algo especial, sí, tú, despistado beatle del otro lado de la mesa, el único hombre al que le he pedido que se quede a desayunar...


Escrito por el_hombre_que a las 23:51 6 inquietos

lunes, junio 18, 2007

Tu cintura en ciernes

(Tribuna Universitaria, 18jun07)
Tu cintura en ciernes llegando al vientre y mi imaginación en la parrilla de salida, esperando la señal de tus índices para trazar una felicidad de masa infinita. Tu cintura en mi mano comenzando el baile alérgica al Euribor y a los pisos bajos, donde se puede saltar menos lejos, a los astronautas que no sonríen porque llevan dentro la gravedad, a los tipos de interés variables. Tu cintura en mi mano, mi mano en tu ombligo, tu ombligo llevando a la locura a la habitación entera: tu cintura síndrome de Estocolmo y vacaciones en el mar.
Tu cintura expirando las bragas sobre el parquet es el lenguaje la lluvia cerrando la puerta por fuera. El que deja en la calle los restos de la derrota y todos los poemas que empiezan con la letra cambiada. El que alimenta las esperanzas, cercano y líquido, de que la perfección no sea sólo un reducto filosófico. Tu cintura hace eso y mucho más: tu cintura desnuda en medio del verano son las canciones que merecen la pena, tu cintura en volandas tu cintura en problemas tu cintura en silencio tu cintura encima de la puerta que comparten el cielo y el infierno es a la vez mi postre favorito y mi himno nacional.
Tu cintura abandonada sobre la cama abandonada, ocupando el lugar de los sueños después de mi golpe de estado gaseoso a sólido. Las maletas en el pasillo nos miran y llevan doscientas cuarenta y tres palabras riéndose de los trenes y de las autopistas, de los barcos y del teletransporte instantáneo. Porque ellos no saben volar como lo hacemos nosotros, con el impulso que da el olvido en las cavidades torácicas superiores, con los pies sólo un poco por encima de las nubes, para que nuestros pulgares más inferiores se alimenten de cosquillas.
Tu cintura, escarlata y eléctrica, en escalera hacia el centro del corazón, es el aeropuerto del que despegan los abrazos, por lo menos los internacionales sin escalas. Y, sin embargo, esta noche termina el mundo conocido y nosotros ni siquiera vamos a decir adiós.
Tu cintura en mi beso y el último hagiógrafo entrando en la cola del paro.


Escrito por el_hombre_que a las 21:23 6 inquietos

martes, junio 12, 2007

Después de las bombas

(para Esther y Natalia)
Me huele la ropa a tabaco, el pelo también, también el resto de objetos que se mueven en la habitación que no es mi habitación, por eso no encuentro el tabaco, la ropa, el pelo sí, sigue en su lugar, lo que demuestra que la sesión de sexo no llegó a sobrepasar los límites del placer; pero aunque no haya nada roto, no encuentro nada y no hago más que encontrarme con todo lo que piso y pienso con cada crujido que él se va a levantar y va a preguntarse por qué me estoy marchando tan pronto, pero ya lo venía diciendo desde las tres en el Country, que sólo había bajado a darle un beso a Guille, a decirle todas las que le debía a decirle a todo el mundo por allí que me tenía que despedir de todo el mundo que no estaba allí y que entonces me tenía que largar pronto, chicos, para hacer eso que se hace en las despedidas, como repartir promesas electorales y desprenderse de las últimas lágrimas del curso. Para repartir las penúltima y demás sonrisas, me quedé a las cuatro en el Pani, encajada en la esquina de abajo con la satisfacción que sólo da saber que estás en un lugar que jamás alcanzaron tus antepasados, rodeada de las canciones de este año, de rebellion y de la cantidad de chicos que esta ciudad saca cada año del baúl de la perfección. O de la perdición de la última, de las cinco en Piper, de las seis en Potemkim saqué anoche unos hombros marcados y, hmm, un tatuaje cerca del final de la espalda, aunque al despertar sólo recordaba unos ojos color almendra como no había visto jamás detrás de una botella de cerveza.
Tras los encuentros finales y decir adiós a la Plaza y a sus simpáticos bancos, a la calle Toro y sus magníficas paredes-recoge-besos, nos sentamos a ver la ciudad después de todas las bombas y nos amamos después de después en una habitación de amianto. Todo rápido, que los exámenes no hacen que se olvide la vida, pero adelantan un poco el orgasmo. Y lo pienso ahora, tres horas antes del autobús a casa, y ahora que lo pienso, creo que me despedí de todo el mundo en algún momento u otro de anoche, así que habrá que hacer lo propio con este regalo del cielo.


Escrito por el_hombre_que a las 22:59 4 inquietos

lunes, junio 04, 2007

Postales

(Tribuna Universitaria, 4jun07)
Vuelve a ser verano en la ciudad amarilla, vuelven a asomar las aventuras más allá de los soportales y vuelven a llegar los niños al colegio como quien se empareja con la última cucharada del plato de lentejas. Con la sonrisa de los vencedores entre ceja y ceja y los dedos cruzados sobre la espalda, sujetando un par de los sueños de la noche anterior. Vuelve a ser verano, aunque los calendarios hagan un último intento por convencernos de lo contrario, y aunque hasta ayer a través de las ventanas de la biblioteca sólo se viera una lluvia que más bien parecía de principio del otoño. Vuelve a ser verano, con sus festivales, con su tiempo libre de humos y con sus libros libres de impuestos, olvidados los impuestos libros no libres en el fondo del armario (triste y sola...). Con su ropa tendida en medio de la huelga de viento y sus colores a través de los días que no terminan jamás.
Vuelve a ser verano y vuelve para quedarse, como todos los veranos que en este mundo han sido, porque el infinito está hecho de recuerdos que ocurrieron en verano, en países extranjeros y en pompas de jabón. Vuelve a ser verano, y lo sé porque hoy me has dado un beso de treinta y nueve grados y hemos tenido que buscar la sombra para cuidar nuestras fiebres interiores, y por más que nos quitábamos la ropa no dejaba de hacer tanto calor que hemos tenido que humedecernos (los labios) para pasar el trago.
Y lo sé también porque los pasillos están llenos de maletas, las maletas llenas de recuerdos, los recuerdos llenos de notas engomadas que recuerdan lo que no se puede olvidar. Y sobre todo porque se han acabado en las tiendas los catálogos de palabras con las que decir adiós, las tarjetas de despedida y los pasteles que dicen te quiero y mienten sólo un poco. Porque mañana en esta misma habitación habrá un sorprendido visitante que tenga la piel un poco más blanca, y quién sabe si en septiembre volveremos a acompañarnos por Compañía, a llevarnos al Huerto, a quedar en la Plaza o a suspender como siempre.
Porque pasado mañana será otoño, y después invierno, y tendremos que abrazarnos con más ropa; por eso ese lunes es hierba y manga corta y examen a la mierda y amor en postales de cuatrocientas palabras.


Escrito por el_hombre_que a las 12:37 2 inquietos